miércoles, 23 de septiembre de 2015

Poema a Misaki Mei

                                                                
[POEMA]


   Misaki Mei







Siempre tan sutil…
los pasos van detrás de su pulso
que va detrás de los acordes
de un pasillo oscuro.
Tan callada…
Capaz de tomar una mirada (como un alma a un cuerpo).
Mei Misaki
flor de todos los bosques
la puedes encontrar en el reverso de un momento.

viernes, 11 de septiembre de 2015

[RELATO] "Advertencia"





Cada noche, antes de dormir, después de cepillarme los dientes, me toca apagar las luces de la casa para luego cerrar las puertas y dirigirme finalmente a mi cuarto y acostarme. Aquella noche el viento era fuerte. Las ventiscas parecían tener vida y querer destruir las latas sueltas de zinc que sonaban fuertemente en la parte de atrás, hacia el patio. Mi padre había salido de viaje y mi madre decidió quedarse a dormir en casa de una amiga. Soy el único en casa así que me tocó pasar la noche solo.
Recuerdo que desde pequeño me angustia el sonido de las tormentas, la lluvia torrencial, me generaba (genera) una sensación de estar impotente ante algo que no puedo controlar y que puede salirse de control hasta ser tan fuerte que de tal manera no se escucharían mis gritos de auxilio, o los de los demás, como en los sueños.





Después de haber dado alimento a mi perra y hacer algunas otras cosas, tan pronto como termino de hablar por celular con ella, hago caso a las instrucciones que dio mi madre: cerrar bien las puertas, pasar el picaporte… pero algo me detiene, hago un gesto para escuchar mejor. Me parece, un ladrido que viene desde la cocina, así que, aseguro la puerta de en frente y voy con cautela hacia ahí: estaba Hannah, la mascota de la casa, aferrada con las patas delanteras y con el hocico ensangrentado jalando hacia arriba un pedazo de algo irreconocible, al menos para mí, aunque después de unos segundos repasé la escena sin creerlo… traía una mandíbula de ternero.




 Pero lo que me causó el escalofrío no fue el hecho de ver a Hannah comer despiadadamente; como nunca la había visto, debió quedar con algo de hambre, pensé. Un escalofrío cruzó mi cuerpo de lado a lado y el mundo parecía caerse pesado sobre mi cabeza: la puerta abierta… yo estaba seguro, la había cerrado antes. Un poco desorientado aún busco en el manojo la llave y sigo el rastro hacia la puerta pensando en que de verdad unos minutos antes la había asegurado… pero otra vez algo me detiene: miro hacia el piso, Hannah ladra alborotada dando saltos alrededor de la quijada que con la lengua advierte: “Pase... el picaporte”.